Cuando alguien deviene la
variedad de la escena terrestre, se adentra ante toda una fenomenología del
paisaje, con el propósito de aprehender en todo su significado y sin promesa
alguna del retorno hacia sí mismo. Partir la variedad de la escena nos obliga a
concluir que los objetos existen juntos en una interrelación, —¿no debería
acaso sugerir la idea de que un discurso sobre el objeto debe pasar
obligatoriamente por relaciones complejas, que sólo nos permiten el acceso a
través de profundos zigzags?
Tomemos por ejemplo ese
módulo de objeto que se llama la pieza separada, tan característico de la
experiencia corológica, la experiencia más externa, no analítica. ¿Qué es una
pieza separada? ¿Cuál es su subsistencia fuera de su empleo eventual en
relación con cierto modelo o algoritmo? Piense en una hormiga.
Esta creación del devenir
paisaje, se caracteriza por una falta, — o sea, lo que en ella se evoca no
puede aparecer ahí. Dicha imagen orienta y polariza el deseo, tiene para él una
función de captación. En ella el deseo está, no sólo velado, sino puesto
esencialmente en relación con una ausencia.
Hagamos la prueba, las hormigas tienen un
complejo sentido de migración (tándem running), aseguran con este la
continuidad y la velocidad, comunican a los miembros de la colonia sobre un
inminente traslado. Una hormiga enseña a otra el camino para dirigirse al nuevo
nido y regresar de él, lo que equivale a «dar direcciones». Dentro de esta
migración de tipo perpetua, está también la falta en la escena a devenir, la
que se hace al otorgar un sentido a la pieza separada, la estructura de un
algoritmo corológico tiene esta apertura al sujeto/paisaje, en general se habla
de un centro de origen, que es donde
se ha formado la especie, y un centro de
área (que no tiene por qué estar en el centro) que se considera como un
centro de dispersión o diversificación, en donde hay un mayor número de
especies de un género y una mayor concentración de individuos, y que se va
dispersando hacia el exterior. Esto permite una lectura de la realidad, hacia
el devenir-deseo, dentro del esquema biogeografía se encuentran todas las respuestas
del viajante, dando significado a todo lo discurrido, amplitud ecológica, las
barreras físicas o naturales; la climatología como factor determinante ante los
dos tipos de especies que se distinguen en base a su tolerancia; las especies eurioicas
y estenoicas.
La ausencia es parte del
problema del viajante, de lo que se carece, pero nuestro sujeto/paisaje es uno
con la ausencia, delimitado, repetido que se atraviesa ante la necesidad de
creación artística o de un sentido. Indaga entre los conceptos dentro de la
biogeografía hasta el fin deseado.
El devenir es inmanente al
arte como a la vida.
Con una Naturaleza que
adoctrine la libertad del viajante, sin censurarlo, la naturaleza debe ser
considerada como un autor, el cual es ni más ni menos que el devenir-hombre
como causante del escenario que lo emerge, devenir-otro.
Desobedeciendo al fantasma
de la naturaleza, sólo un flujo de producción continua, especies
interconectadas, conjunto y repetición de fenómenos con sus respectivos campos
de estudio, orografía, ecesis, migraciones, escuchar lo inaudible, intentar
rehacer el mundo, no distinguir ya el drama propio del de la humanidad,
devenir-loco…
Devenir-paisaje,
devenir-enigma…
El arte trata con lo
imperceptible.
Víctor
Colin
Noviembre 2018
No hay comentarios.:
Publicar un comentario