viernes, 28 de diciembre de 2018

ALGORITMOS COROLOGICOS : la problemática del viajante








Cuando alguien deviene la variedad de la escena terrestre, se adentra ante toda una fenomenología del paisaje, con el propósito de aprehender en todo su significado y sin promesa alguna del retorno hacia sí mismo. Partir la variedad de la escena nos obliga a concluir que los objetos existen juntos en una interrelación, —¿no debería acaso sugerir la idea de que un discurso sobre el objeto debe pasar obligatoriamente por relaciones complejas, que sólo nos permiten el acceso a través de profundos zigzags?
Tomemos por ejemplo ese módulo de objeto que se llama la pieza separada, tan característico de la experiencia corológica, la experiencia más externa, no analítica. ¿Qué es una pieza separada? ¿Cuál es su subsistencia fuera de su empleo eventual en relación con cierto modelo o algoritmo? Piense en una hormiga.
Esta creación del devenir paisaje, se caracteriza por una falta, — o sea, lo que en ella se evoca no puede aparecer ahí. Dicha imagen orienta y polariza el deseo, tiene para él una función de captación. En ella el deseo está, no sólo velado, sino puesto esencialmente en relación con una ausencia.
Hagamos la prueba, las hormigas tienen un complejo sentido de migración (tándem running), aseguran con este la continuidad y la velocidad, comunican a los miembros de la colonia sobre un inminente traslado. Una hormiga enseña a otra el camino para dirigirse al nuevo nido y regresar de él, lo que equivale a «dar direcciones». Dentro de esta migración de tipo perpetua, está también la falta en la escena a devenir, la que se hace al otorgar un sentido a la pieza separada, la estructura de un algoritmo corológico tiene esta apertura al sujeto/paisaje, en general se habla de un centro de origen, que es donde se ha formado la especie, y un centro de área (que no tiene por qué estar en el centro) que se considera como un centro de dispersión o diversificación, en donde hay un mayor número de especies de un género y una mayor concentración de individuos, y que se va dispersando hacia el exterior. Esto permite una lectura de la realidad, hacia el devenir-deseo, dentro del esquema biogeografía se encuentran todas las respuestas del viajante, dando significado a todo lo discurrido, amplitud ecológica, las barreras físicas o naturales; la climatología como factor determinante ante los dos tipos de especies que se distinguen en base a su tolerancia; las especies eurioicas y estenoicas.
La ausencia es parte del problema del viajante, de lo que se carece, pero nuestro sujeto/paisaje es uno con la ausencia, delimitado, repetido que se atraviesa ante la necesidad de creación artística o de un sentido. Indaga entre los conceptos dentro de la biogeografía hasta el fin deseado.


El devenir es inmanente al arte como a la vida.

Con una Naturaleza que adoctrine la libertad del viajante, sin censurarlo, la naturaleza debe ser considerada como un autor, el cual es ni más ni menos que el devenir-hombre como causante del escenario que lo emerge, devenir-otro.
Desobedeciendo al fantasma de la naturaleza, sólo un flujo de producción continua, especies interconectadas, conjunto y repetición de fenómenos con sus respectivos campos de estudio, orografía, ecesis, migraciones, escuchar lo inaudible, intentar rehacer el mundo, no distinguir ya el drama propio del de la humanidad, devenir-loco…
Devenir-paisaje, devenir-enigma…
El arte trata con lo imperceptible.


Víctor Colin
       Noviembre 2018